




El jueves a la tarde partimos para Neuquen. Despues de una parada gastronómica en el campo de Gonzalo, un windsurfero de Casbas (Prov de Buenos Aires), continuamos viaje hacia el lago Marimenuco. Despues de algunos contratiempos, como un desvío desafortunado que casi nos deja sin combustible en el medio de la inmensidad pampeana, llegamos a lago el viernes a media tarde.
El evento debía empezar el viernes por la mañana, pero las condiciones de viento impidieron que esto suceda y las actividades estuvieron postergadas durante todo el día, esperando la brisita que permita salir al agua.
Llegamos a la costa del lago y tanto el público cómo los competidores se encontraban en la dulce espera, pasando el tiempo entre charla, mate y amigos. Nadie parecía muy preocupado por la falta de viento, todos pasaban un buen momento y se vivía un clima muy distendido.
Tanto los organizadores como los windsurfistas locales nos recibieron bárbaro, haciéndonos sentir muy a gusto en el lugar. Comenzamos a descargar la camioneta, desenfundando toda el arsenal Goya 2010, tablas y velas. Los windsurfistas, ávidos de entretenimiento, comenzaron a acercarsepara conocer las novedades.
Así trasncurrió lo que quedo del día viernes, esperando por la brisa, la gente merodeaba entre las rondas de mate, el stand ambulante Goya, en los partidos de futbol kiter vs windsurfer, etc. Al final del día guardamos todo y disfrutamos de la hospitalidad de los windsurfistas locales que nos invitaron a comer un asado en una de las casas del lugar.
El sábado, la historia se repitió. Nuevamente, público y competidores a la espera del protagonista más importante del evento, el viento. Nuevamente, las actividades alternativas se imponían y nadie parecía muy preocupado por la falta de viento.
Una brisa de no mas de 4 nudos, ideal para dar clases, generó la motivación para armar un equipo de escuela Goya para niños, y comenzamos a reclutar alumnos. El primero en la lista fue un chico de 8 años que ya me había anticipado que quería aprender. Comenzamos como a las once de la mañana, y en menos de una hora, ya estaba navegando solo, yendo y volviendo casi al mismo lugar. El entusiasmo comenzó a brotarle, y no fue fácil convencerlo para que saliera a comer luego de tres horas de navegación. En poco tiempo la Escuelita se transformó en la atracción del evento y comenzaron a desfilar chicos entre 6 y 9 años, con ganas de aprender. El record fue una nena de cuatro años que se animo a hacer sus primeros bordes.
Para el final del día, habían pasado entre 5 y 6 alumnos que en sus primeras incursiones ya habían navegado con independencia y tuvieron una excelente experiencia en el deporte. Los chicos se volvieron protagonistas y antes que terminara el evento hicieron una exhibición para el público que contemplaba fascinado. En la entrega de premios recibieron distinciones por su desempeño, y se convirtió en una gran experiencia para todos los allí presentes.
Las repercusiones fueron increíbles, el niño de 8 años termino comprando su primer vela de windsurf, los padres y organizadores del evento se entusiasmaron muchísimo con la idea de crear una Escuelita de Windsurf para chicos, las madres exaltaban de orgullo viendo a sus nenes navegar como sus padres.
El domingo transcurrío igual, los nuevos navegantes tuvieron nuevas incursiones, y siguieron descubriendo las bondades de este fascinante deporte. Nosotros nos despedimos de los organizadores que nos invitaron una vez más con un asado. Luego de desarmar nuestra tienda ambulante, y de guardar el equipo de escuela, que hasta ultimo momento estuvo en el agua al servicio de los chicos, emprendimos viaje con una sonrisa de oreja a oreja.
El viento estuvo ausente, pero el evento fue un éxito de promoción del windsurf. Sembramos la semilla que mas nos interesa, que es fomentar el deporte entre los niños. La tecnología implementada en el deporte estos últimos años nos acerca esta posibilidad que antes era una ilusión. Desarrollar las escuelas para niños es hoy nuestro mayor desafio.
Agradecemos a todos los organizadores y windsurfistas locales, que nos recibieron espectacularmente, nos abrieron las puertas para todo lo que quisimos hacer y mas alla del viento, hicieron un evento con mucha calidad y todo el fin de semana fue una muy grata experiencia.
Gracias por todo,
Marian Pécora y Banqui Gulias.